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Diario de un viaje a Perú. Capitulo 6

Que hacer en Puno si te topas con el mal de altura.

Llegaron las 7 am, no habíamos dormido casi nada, bajé al lobby del hotel y anulamos el tour que teníamos para ir a las islas de los Uros y la isla de Táquile.

La situación en ese momento era, que habíamos pasado prácticamente toda la noche sin dormir, solo dando algúna cabezada de vez en cuando y muchas visitas al baño. Yo me encontraba mejor, mis síntomas no habían sido tan fuertes como los de Jose. Habíamos sentido lo mismo, es decir, falta de oxigeno, dolor de cabeza, insomnio, diarrea y mareos pero los síntomas de Jose eran mas fuertes que los míos. Maldito mal de altura, no eres bienvenido.

El mal de altura se presenta a partir de los 2400 metros sobre el nivel del mar. Puno se encuentra a 3820 msnm. Este se presenta como consecuencia de la falta de oxigeno (hipoxia) a esas alturas y con frecuencia sus síntomas son falta de oxigeno, dolor de cabeza, diarrea, vomitos, somnolencia, mareos, falta de apetito o elevación del ritmo cardiaco. Es recomendable que si los síntomas persisten en el tiempo, se intente bajar de altura.

Me subí a la habitación algunas cosas del buffet para meternos algo en el cuerpo. Abrí las ventanas de par en par para que nos entrara algo de aire. Yo había mejorado bastante, pero Jose seguía igual, ni las hojas ni el té de coca, ni las patillas naturales nos habían hecho nada a penas.

Cuando te dan habitación con vistas a la plaza de armas en obras

Así que la siguiente opción era pedir oxigeno. En los hoteles de Puno y Cusco suelen tener bombonas de oxigeno en recepción. En algunos hoteles te cobran por el servicio pero en este caso no era de pago.

Un señor muy amable subió de recepción con una botella enorme de oxigeno arrastrada en un carrito. Delante nuestra limpió la mascarilla y se la puso a Jose durante unos 5 o 10 minutos. Yo estaba algo mejor, con lo que no me lo puse.

Sobre el oxigeno en altura, lo que yo había leído e interpreto, es que no es que no fuera recomendable, porque si es necesario te lo debes poner. Si no que el cuerpo debe aclimatarse a la altura, entiendo que si estás constantemente cortando la aclimatación de los pulmones metiéndote chutes de oxigeno pues tardarás más en aclimatarte. Pero ¡ojo! esto es solo lo que yo interpreto, en ningún caso estoy diciendo que evites el oxigeno porque no soy médico. Solo os doy mi opinión de porqué yo actué así y decidí no usarlo.

Jose se puso mejor con el oxigeno, el dolor de cabeza se fue disipando y ya por lo menos podía levantarse de la cama.

A las 12 debíamos dejar el hotel y debíamos estar todo el día en la calle hasta la noche que saliera el autobús y sinceramente no teníamos cuerpo para estar todo el día «tirados» en la calle ya que el tour que teníamos lo habíamos cancelado.

Decidimos coger una habitación durante el día, porque considerábamos que echándonos ya a la calle íbamos a empeorar, la fatiga y el cansancio seguían presentes y la diarrea aunque menos seguida también estaba. Así que reservamos una habitación en «hotel el buho» ya que en el que estábamos no quedaban habitaciones libres.

Nos echamos las mochilas a hombros y salimos del hotel. Poco menos de 300 metros separaban un hotel de otro. Los 300 metros más largos de mi vida. Cruzábamos por una avenida peatonal, gracias a Dios había bancos cada pocos metros, en los que nos íbamos parando. Las mochilas parecieran que pesaran el doble o el triple y tardamos casi 20 minutos en llegar al otro hotel.

Minutos más tarde volvimos a la calle, debíamos desayunar algo y visitar alguna farmacia para tomar algo más fuerte, alguna pastilla que no fuera natural. Terminamos haciendo acopio de todo lo que tenía que ver con el mal de altura. Pastillas químicas «Sorojchi Pills» ya que las naturales que estábamos tomando «altivital» no nos estaban haciendo nada, pero ¡ojo! son las que se recomiendan. Compramos también una pequeña botella de oxigeno y hojas de coca. Desayunamos en un bar de la misma avenida y volvimos al hotel.

Té de coca

Estábamos mejor, aunque la fatiga y la pesadez del cuerpo seguía. No permitíamos movimientos bruscos, giros rápidos de cabeza y menos ir andando a un ritmo algo más rapido del normal. Mientras Jose se tumbaba intentando mejorarse, aproveché para mandar la ropa a la lavandería del hotel, ya que íbamos a estar todo el día allí.

Sobre las 2 de la tarde salimos con lo puesto y sin cargar nada, ni cámaras, ni mochilas, solo nosotros y nuestras ganas de pasear por la ciudad. El solo hecho de bajar las escaleras y salir a la calle ya era cansado. Encontramos unos escalones a pocos metros del hotel donde daba el sol de pleno, y allí estuvimos sentados un buen rato. Los niños salían del colegio, y los veíamos pasar en grupos o con sus madres cogidos de la mano, ¡eran tan monos!

Volvimos sobre nuestros pasos a la plaza de armas, donde entramos en un lugar que tenía buena pinta para comer y buenas vistas a la plaza de armas en obras jajaja. El lugar en cuestión se llamaba Incabar y a mi sinceramente no me gusto nada, pedí una pasta que era lo que único que me apetecía y estaba tiesa jajaja.

Bajamos a la plaza de armas, a ver si podíamos entrar en la catedral, que según informaba abría a partir de las 3 de la tarde. Después de esperar un buen rato sentados en las escaleras le preguntamos a unos policías y nos dijeron que solo abrían los fines de semana. ¡Vaya chasco! Puno no nos estaba tratando bien.

Catedral de Puno

Así que nos pusimos manos a la obra, aunque no estuviéramos del todo bien no nos pensábamos ir de Puno sin hacer dos cosas. Primero ver Puno desde las alturas y segundo acercarnos a ver el Lago Titicaca de cerca.

Así que sacamos todo nuestro valor de dentro y cogimos un taxi que nos llevara al mirador del Cóndor. Un mirador desde el que se tienen unas vistas preciosas, había leído algunas cosas malillas, pero como normalmente se tiende a exagerarlo todo un poco, pues hicimos poco caso.

El taxi nos dejó a los pies de una escalera interminable, y nos dijo que para llegar teníamos que subir todas ellas, ya que él no podía acceder a la parte superior del mirador en coche. A nosotros nos pareció un poco rara la explicación, pero se veía que el hombre era de pocas palabras.

Empezamos a subir, un tramos de escalera y otro, pero en el tercer tramo nuestro sexto sentido se despertó, no veíamos a nadie, ningún turista, y poca gente local. Los pocos que veíamos tenían unas pintas no muy agradables, vimos incluso a uno utilizando la base de un árbol de retrete y esto empezó a no hacernos nada de gracia. Terminamos de subir el primer bloque de escaleras. Y nuestras caras eran de «sal corriendo para abajo» y eso hicimos, nos dimos media vuelta, no nos íbamos a jugar el tipo por subir hasta allí.

Cuando llegamos aquí nos dimos media vuelta

Al bajar tomamos otro taxi esta vez hacia el puerto. Aqui nuestra suerte empezó a cambiar. Ahora el taxista era un chico joven, empezamos a hablar con él y le explicamos el panorama de las escaleras. Nos dijo que el mirador al que pretendíamos subir era bastante peligroso, que los taxis no subían porque no querían ser atracados. Los turistas en ese mirador somos carne de robos y más si solo van dos personas y por la tarde. Los ladrones aprovechan que hay pocos edificios junto al mirador, solo un descampado. Así que ¡no vayais! nos lo puso bastante oscuro.

Nos habló de otro mirador bastante más seguro, el mirador del Puma, se encuentra a las afueras de Puno y está rodeado de casas y de una estación de policía. Así que le dijimos que nos llevara. Al principio no le hizo mucha gracia porque el trayecto no era corto, pero acordamos con él que nos llevara y luego nos bajara al puerto por 20 soles. Y no lo dudó ni un momento. Total, era lo único que íbamos a hacer ese día.

Uno de los mejores miradores en Puno es el mirador del Puma, se encuentra a unos 15 minutos en coche del centro de Puno y el taxi te cobrará alrededor de 7 soles

Mirador del Puma

Así que en unos 20 minutos nos encontramos en el mirador del Puma, viendo Puno y el lago Titicaca desde las alturas. El lago era increíble, hasta lo que alcanzaba a ver nuestra vista no tenía fin, salpicado por montículos de lo que yo he bautizado color «marrón Perú» y un azul intenso en el cielo. Estuvimos un buen rato allí, disfrutando de las vistas, la brisa que corría y el sol. Aquel lugar nos había encantado, nos había dado la primera razón para visitar Puno para algo más que para hacer el tour del lago Titicaca.

Vistas desde el mirador del puma

Volvimos al taxi, esta vez para poner rumbo al puerto, ya habíamos visto el lago desde las alturas, ahora queríamos estar lo más cerca posible de él. Bajamos del taxi, el chico había sido un amor con nosotros y le tomamos el teléfono por si nos hacía falta para más tarde.

Empezamos a caminar, y vimos un area recreativa acuática donde la gente paseaba con barquitos a pedales, decorada con chorros de agua. La gente se reía, se divertía y se lo pasaba genial, por un momento se nos pasó por la cabeza coger uno, pero desistimos por el esfuerzo que hacía falta y para el que nosotros en ese momento no estábamos preparados. Nos limitamos a pararnos por los alrededores, comentábamos todo lo que veíamos, en ese momento de cualquier cosas sacabamos una opinión o un comentario.

¿Hace un paseo?
Os dejo los precios del circuito turístico para la isla de los Uros si lo quereis contratar en el mismo puerto.

Llegamos a las casetas donde vendían los tickets para ir a los Uros, unas cuantas personas se abalanzaron sobre nosotros intentando vendernos el tour (muy típico en Perú) pero con una negación con la cabeza era más que suficiente.

Nos adentramos en la plataforma desde donde salen los barcos, pedimos permiso para pasar y allí estábamos, lo más cerca posible del lago Titicaca, de un azul intenso que se perdía en el horizonte, rodeado de montes de ese marrón característico del Perú. Sinceramente no era el lugar que más ganas tenía de visitar en este viaje, pero todo lo que habíamos pasado la noche anterior y el poder estar tan cerca de él hizo que la carne se me pusiera de gallina. Mi intención al coger el tour del Titicaca a parte de conocer las comunidades que lo habitan era poder navegar sobre él, ver el paisaje que lo rodea, y esto último aunque fuera de otra forma lo estaba cumpliendo.

Lo más cerca que estuvimos del Lago Titicaca

El sol se estaba empezando a poner, debíamos volver al hotel y solo debíamos atravesar una avenida al completo para llegar a la plaza de armas.

Paseamos por los puestos que había a orillas del lago, y empezamos a cruzar la avenida. Era la avenida más auténtica que había visto en Perú hasta ahora. Vimos un carrito de comida casera ambulante donde los vecinos con sus vestimentas típicas de la zona se agolpaban para comer algo a precio irrisorio. Un campo de futbol donde los pequeños jugaban un partido y donde nos quedamos un buen rato viéndolos. También nos encontramos con una especie de feria con 5 o 6 atracciones para los pequeños y un mercadillo. Todo eso en un escenario en el que las calles colindantes eran prácticamente tierra, donde había casas a medio construir y donde los señores se agolpaban en las puertas del bar.

Llegamos a la plaza de armas y volvimos a recorrer el mismo que camino que habíamos hecho por la mañana, pero ya no nos costaba media hora, si no uno 10 minutos a lo máximo.

Antes de entrar al hotel nos percatamos que justo al lado un poco más adelante había una plaza con unos edificios muy coloridos y que estaba llena de gente. Nos acercamos y nos agenciamos un banco de los que allí había.

Parque Pino

La plaza se llama «Parque Pino». A un lado puedes encontrar la iglesia de la Candelaria y al otro lado un bonito edificio azul que es sede del «glorioso colegio nacional de san carlos» el colegio más antiguo de la ciudad de Puno, fundado por Simon Bolivar en 1825.

Iglesia de la Candelaria

Estuvimos un buen rato sentados observando a la gente pasar, viendo niños jugando, mayores hablando, el trajín de la gente que entraba y salía de la tiendas que había a los laterales y jóvenes de uniforme que terminaban su horario de colegio.

Después de esto ya solo nos quedaba recoger la ropa de la lavandería, previa pelea con el del hotel porque no hacía mas que retrasarnos la hora de llegada de la ropa. Hacer las maletas, cenar algo en el mismo hotel y poner rumbo a la estación de bus, pagar de nuevo la tasa de utilización de terrapuerto y todo el proceso de embarque que ya nos conocíamos de memoria.

Otro bus nocturno que nos llevaría al centro del imperio Inca, a los que ellos llamaban el ombligo del mundo, a la región peruana que alberga una de las 7 maravillas del mundo moderno. ¿Sabeis de que lugar os hablo?

Después de pasear por Puno lo único que os puedo decir es que aunque no es el lugar en el que nos hemos sentido más seguros, si os aconsejaría que si teneis pensado visitar el Titicaca os montéis un plan B por si os aparece el mal de altura. La ciudad de Puno puede que no tenga muchos lugares que visitar pero si es muy auténtico, y tiene algunas ruinas en las que no son necesarios tomar un barco. Apuntaos lugares que ver, más allá de hacer el tour, nunca se sabe que puede pasar a esas alturas.

En cuanto al tour que tuvimos que cancelar. Lo cogimos desde España con la empresa All Ways Travel en la modalidad de lancha rápida. Pagamos 30¢ por persona por adelantado, no nos reembolsaron nada, pero tampoco insistí yo con el reembolso del mismo. Anulamos el tour vía Whatsapp y nos dieron la opción de unirnos al tour que hacían por el complejo arqueológico de Sillustani a las 2 de la tarde. Así que no os puedo decir como funciona el reembolso de estos tours y si se reembolsan.

Este es probablemente el único post que encontréis en este blog sobre Puno, he intentado hacer una mezcla entre diario de viaje e información de que ver en Puno, si estás planeando un viaje al Perú te aconsejo que leas toda la información sobre Perú que ya hay en el blog.

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