DIARIO DE VIAJE AL PERÚ

Diario de un viaje a Perú. Capitulo 5

Arequipa, la ciudad blanca.

Despertamos descansados, la noche anterior había sido un poco incomoda, durmiendo en el bus, pero ya estábamos recuperados y con las energías al 100%

Bajamos a desayunar al restaurante del hotel, y bueno, el desayuno fue pasable, poco mas.

Como me gustaba nuestro hotelito

Callejeamos un poco, aprovechamos para llevar algunas prendas a la lavandería y nos fuimos a conocer uno de los lugares más famosos de Arequipa, el Monasterio de Santa Catalina. A la entrada unas chicas nos ofrecían sus servicios como guía, pero llevábamos tres días seguidos haciendo visitas guiadas y nos apetecía un poco ir a nuestro aire, sin prisas y sin tener que perder tiempo después en volver a recorrerlo a nuestras anchas. Así que nos negamos y empezamos el recorrido por nuestra cuenta.

A la entrada un arco de color rojizo marcaba la palabra, «SILENCIO». Lugar en el que las novicias al entrar al Monasterio empezaban a hacer su voto de silencio.

«SILENCIO»

Con ello comenzaba también ese mismo color en todas las estancias, para según ibas pasando claustros se tornaba a un azul intenso. Estábamos en el claustro de los naranjos, lugar al que pasaban las novicias graduadas. Allí empezamos a encontrar algunas celdas de religiosas con sus cocinas, dormitorios… todo muy completo.

Patio de los naranjos

Y a partir de ahí comenzaban a aparecer calles blancas y rojas, llenitas de nombres de ciudades españolas, con cantidad de geranios rodeándolas, como si de un patio andaluz se tratara. Fuentes, cocinas, celdas, calles. Como ya he escuchado más de una vez, se trata de una ciudad dentro de Arequipa, con todo lo necesario para hacer una vida medianamente normal.

Calles del Monasterio de Santa Catalina

Subimos unas escaleras junto a la plaza Zocodober, desde donde había leído que había vistas espectaculares del volcán principal de la ciudad, el volcán Misti. y no nos defraudó. Sin duda la vista de los volcanes es de lo más bonito y diferente de la ciudad.

Vistazas a los volcanes

Para cuando ya hubimos caminado por casi todas las calles, y habíamos descubierto cada una de las celdas del monasterio habían pasado 2 horas, momento de salir del monasterio y seguir descubriendo la ciudad. No nos quedaba mucho tiempo en ella y yo quería ver cada uno de sus rincones.

Volvimos hasta la plaza de armas, con la idea de entrar en la catedral, pero para esa hora ya estaba cerrada, y no la volvían a abrir hasta las 5 de la tarde, hora en la que ya habríamos salido de la ciudad. Así que nos fuimos con ganas de descrubrirla, queda apuntado para un futuro viaje a Perú.

Catedral de Arequipa

Caminamos hasta el mercado de San Camilo, el mercado local de la ciudad. Es una visita que siempre nos gusta hacer, porque es donde ves la realidad de la ciudad, y una de las cosas mas interesantes de los países sudamericanos, las frutas y las verduras en su máximo esplendor. Y allí que fuimos probando todo tipo de empanadas, y para bajar la masa nada mejor que mejor que un zumo de frutas recién hecho con un sabor espectacular, nos hicieron una jarra para los dos que no nos pudimos ni terminar, sigo diciendo que estos peruanos nos tienen fin en cuanto a comida se refiere.

Frutas en el mercado de San Camilo

Sacamos la camara para hacer unas fotos y ¡bingo! se terminó la tarjeta, ¡no puede ser! ¡catástrofe! Peeero, en todo mercado hay una tienda de tecnología, y nosotros estábamos en el sitio adecuado, justo al salir del mercado una tienda de electrónica nos esperaba para comprar una tarjeta SD en la que yo no tenía mucha fe, pero que terminó acompañándonos super bien el resto del viaje.

De ahí entramos en algunas farmacias, y observamos el camino, las calles asfaltadas se entralazaban con calles de tierra, algunas estaban en obras, pero otras parecieran que fueran así, ya que no encontramos ninguna valla, cono o aviso de obras. Los lugareños paseaban con las compras de un lado para otro, farmacias, tiendas de textil, fruterías. Esas calles eran el eje central de la vida en la ciudad de Arequipa.

Nos quedaba poco tiempo. Nuestro autobús salía a las 2 pm rumbo a un nuevo lugar y debíamos comer antes de irnos. ¿Hambre? ¡ninguna! pero queríamos probar a comer en una picantería, lo más típico de Arequipa.

Cogí una lista que había hecho con las picanterías que tenían buenas referencias y nos decantamos por «Victoria picantería democrática». El lugar era una pasada, todo estaba decorado hasta el mínimo detalle, y los platos madre mía eran enormes, y eso creo que fue lo que falló, estábamos llenos de las empanadas y los zumos del mercado, y cuando empezamos a comer, nos sobraba todo, tampoco queríamos tirar la mitad del plato, pero no podíamos mas. El plato era enorme y nuestra hambre minúscula, así que si, terminamos dejando la mitad. Sinceramente no nos llama mucho la atención volver a comer en una picantería, pero ojalá para una segunda visita a Perú lo cojamos con más hambre y nos cambie la opinión.

Eran las 1 de la tarde, teníamos una hora para llegar al bus, bueno una hora es suficiente, pensábamos. Recogimos la ropa de la lavandería y nuestra maletas del hotel y pedimos un Uber. En Arequipa hay 4 ubers contados y todos empezaron a rechazarnos la petición. Volvimos al hotel para que nos pidieran un taxi, tardaba 20 minutos, el tiempo se nos echaba encima. Así que comenzamos a caminar en busca de algún taxi que nos recogiera por el camino. Todos a los que parábamos nos decían que ¡NO!, pero ¡que pasa aqui! Quedaba una media hora para la hora de salida, yo ya empezaba a hacer cábalas en mi cabeza de si saltarnos el siguiente destino e ir directos hacia Cuzco, perder el dinero de los billetes de bus o que hacer.

Ok, era hora punta nos dijo uno de ellos, no os puedo llevar. Gracias, señor muy amable (ironía) seguimos caminando hacia delante a ver si encontrabamos otra calle en otra dirección. Llegamos a una avenida, el atasco era tremendo, en una de estas escuche un silbido a lo lejos, un coche se paró al otro lado de la avenida, sacó su mano dándonos el ok, estaba parado en medio de la carretera, en un carril sin atasco. Debíamos correr, con dos mochilas cada uno claro y pasar por medio del atasco. El taxi iba hacia delante poco a poco. Nos metimos como pudimos con las dos maletas y «¡rapido! a la terminal de autobús» El taxista, un hombre de unos 40 años en un cochecito diminuto, nos preguntó la hora de salida del bus. «Señor, a las 2 de la tarde» Y nos contestó, os aseguro que llegáis. Obviamente no negociamos el precio del taxi, seguro que sería menos que perder el dinero de ese bus y comprar otro, así que nos importaba poco.

Tal y como nos dijo el señor, llegamos a tiempo, le pagamos, un precio bastante razonable, y le dejamos una buena propina, se lo había ganado.

Entramos en la estación facturamos las maletas, pagamos una tasa que existe por la utilización de la estación de terrapuerto de Arequipa y embarcamos. ¡Justo a tiempo!

Pasamos la tarde en un bus rumbo a la ciudad de Puno. Ciudad a los pies del lago Titicaca.

El camino transcurrió entre montañas de un color anaranjado, sin señal de internet, así que cuando hubieron pasado un par de horas nos quedamos dormidos.

Cuando fuimos llegados a destino, casi 6 horas después, nos dijeron que cerraremos las cortinas, supuestamente por seguridad. Y en esas Jose empezó a encontrarse mal. Yo le dije, bueno será un poco de mal de altura, en cuanto lleguemos al hotel y descanses un poco se te pasará. Ilusa de mi.

Después de haber cogido un taxi llegamos al hotel «Hotel Hacienda Plaza de Armas» justo en la plaza de armas, ¡que bien, vistas a una plaza en obras! En esas empecé yo también a encontrarme regular. Nos dimos una ducha y empezamos a visitar el baño cada 5 minutos, un run run en la cabeza se iba intensificando cada vez mas. Nos tumbamos cada uno en una cama, para poder descansar mejor, pero las visitas al baño no nos dejaban. No lográbamos coger un sueño profundo, era más un sueño leve en el que abríamos los ojos cada dos por tres, de nuevo visita al baño, y así pasamos media noche. Sobre las 5 de la mañana el insomnio ya estaba más que presente y bajé a recepción a pedir té de coca, hojas de coca o lo que pudieran darnos. Subí un par de tés a la habitación, con ello pudimos dormir apenas 1 hora, cuando volvimos a despertarnos a las 6 y algo ya estábamos más que convencidos que el tour que habíamos contratado para visitar el Lago Titicaca no lo íbamos a poder hacer.

Continuará…

Este post está realizado para entretener durante la cuarentena causada por el Covid-19, si realmente estas buscando información sobre Arequipa te recomiendo que leas el post 10 cosas que hacer en Arequipa.

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