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Diario de un viaje a Perú. Capítulo 3

Un día en Paracas.

Como de costumbre el despertador sonaba muy temprano. A las 6:45 a.m. ya estábamos en la planta baja del hotel. Jose desayunaba y yo lo miraba. La noche anterior mi estómago se había portado algo regular y como íbamos a montarnos en un barco, decidí no probar bocado por lo que pudiera pasar.

Sobre las 7:15 a.m pasaron a recogernos en una van, éramos los primeros. Estuvimos casi 1 hora recogiendo gente hasta que la van se llenó y entonces si, abandonamos la ciudad de Ica para irnos hasta el puerto de Paracas.

El autobús se detuvo en un camino de tierra y continuamos andando hasta el puerto, donde una señora nos detuvo para organizarnos, primero una fila aquí, después cambiar la fila allí y luego acá. Así pasamos un buen rato hasta que por fin parece que teníamos barco.

Puerto de Paracas, primera hora de la mañana.

Nos íbamos a conocer las Islas ballestas, a conocer un nuevo paisaje peruano, ¿como creéis que serían una especie de conjuntos de rocas en medio del mar repleto de leones marino y aves?

Nos pusimos los chalecos y la lancha empezó a andar, empezamos a dejar atrás el puerto e íbamos pasando alrededor de distintos barcos anclados. La velocidad aumentó, ya habíamos salido de la bahía de Paracas y estábamos en mar abierto. El día se había levantado regular, con niebla y fresco y a esa velocidad yo tenía un frio de narices.

La lancha empezó a aminorar la velocidad, habíamos llegado al primer punto, el famoso candelabro de Paracas. Un geoglifo situado en una ladera de la bahía de Paracas que por sus dimensiones y buena conservación hace que se compare mucho con las lineas Nazca. Llegados a ese momento, varias fueran las versiones que nos contaron sobre su existencia. Desde que fueron extraterrestres (algo muy recurrente en Perú), los hombres de la cultura Nazca o hasta piratas chinos que habían puesto esa imagen ahí para guiarse. Sea como fuere lo que si es cierto es que se encuentra en perfecto estado, y ya os digo yo que no se si será a diario, pero ese día hacía bastante viento. ¿Porque versión os decantaríais vosotros?

El Candelabro de Paracas

Nos quedamos un rato parados junto al candelabro y una vez tomamos todas las fotos y escuchamos todas las historias arrancamos rumbo, esta vez si, a Islas Ballestas. Entre el frio y el viento empezamos a divisar las islas a lo lejos, la lancha volvió a aminorar la velocidad y empezamos a ver las primeras aves guaneras merodeando por las islas.

Nos adentramos y pudimos ver como decenas de leones marinos se agolpaban en las rocas, unos dormían (la gran mayoría) otros levantaban un ojito para ver quienes éramos y otros jugaban, aunque pareciera que se estaban matando.

Leones marinos

En lo alto de una roca pudimos ver a una pareja de pingüinos Humbolt, una especie de pingüinos que habitan la costa del pacifico de Perú y Chile, pero solo conseguimos ver esa pareja. Casualmente unos amigos que habían estado antes, también consiguieron ver solo dos ¿Casualidad?

El paseo por las Islas Ballestas duró alrededor de 1 hora, donde nos llamaron la atención los pequeños moluscos que habitan la parte baja de las rocas, la cantidad de leones marinos que se encuentran en esas islas, la fuerte corriente que las atraviesas y las tantas aves que se daban allí encuentro.

Paisaje Islas Ballestas

Para cuando estuvimos de vuelta en el puerto ya eran las 10:30 y nos dejaron un poco de tiempo para comer. Yo lo agradecí porque mi estomago no paraba de rugir. Ya no hacía frio, el sol empezaba a calentar y a mi se me iban quitando los escalofríos del cuerpo por el trayecto en lancha que había sido horrible.

Paramos en un barecito del paseo marítimo a comprar un sándwich para llevar ya que el tiempo que nos habían dado era mínimo. Lo cogimos y fuimos casi corriendo hacia el bus. ¡no llegamos! o eso parecía porque luego tuvimos que esperar bastante tiempo más hasta que el resto del grupo se unió. Es sabido que no soy nada amante de las excursiones en grupo pero en Perú es algo que casi no puedes evitar. Todo está lejos, las carreteras son horribles, se pierde mucho tiempo si se quiere hacer todo por libre y los precios por hacerlo en privado son bastante más altos. Estan muy instauradas las excursiones en grupo y es complicado salirte de ese camino.

Por fin pusimos rumbo hacia nuestra segunda parada «La rerseva Natural de Paracas» El día había cambiado por completo, del cielo gris que veíamos en Islas Ballestas al cielo despejado, de la bruma a la claridad, del frio al calor. ¡Esto es Perú amigos!

Llegamos a una garita de vigilancia, y hacia delante solo se veía una carretera infinita rodeada de montículos de arena rojiza. Era un paisaje espectacular, junto a nosotros pasaron unos quads en un tour, y los ¡envidié! Si alguna vez volvemos a Paracas volveremos para hacerlo de esta manera.

Paisaje de Paracas

La van giró hacia la izquierda y empezaos a adentrarnos en la reserva. Nuestra primera parada era lo que quedaba de «la catedral» la que fue una gran formación rocosa, semi derruida por un terremoto hace unos 13 años. Aún así el paisaje era increíble, como pasar del mar y la playa al desierto en menos de 50 metros.

De la playa al desierto en pocos metros

Paramos en playa Yumaque, y así poder tocar el Océano Pacífico, que estaba ¡helado! paseamos en soledad por la playa, y disfrutamos del olor a mar, la arena y el poco ruido que allí se escuchaba. Allí nos hubiéramos quedado un par de horas sentados en unas rocas sin hablar.

playa Yumaque

Pero había que voler al bus. La siguiente parada fue para comer. Dentro del parque solo hay un par de opciones y no son ni baratas ni muy buenas. Entramos en el restaurante la Tía Fela, cogimos un sitio con vistas privilegiadas y nos pusieron dos platos para que comiéramos para todo el viaje ¡que cantidad! no nos comimos ni la mitad del plato, ¡como se puede comer tanto! ¡iba a explotar!

Cuando terminamos fuimos a dar una vuelta por los alrededores, barquitos y pelícanos enormes inundaban el lugar, era como una especie de poblado de pescadores muy pequeñito y muy encantador.

Nuestra siguiente parada fue la famosa playa roja, un lugar que yo tenía muy idealizado en parte culpa de Instagram y que tampoco me pareció tan increíble.

Playa roja

Luego nos llevaron hasta el centro de interpretación , lo que es básicamente un museo donde te explican las distintas zonas de la reserva, las distintas especies que allí habitan o los distintos tipos de arena o piedra que puedes encontrar en el lugar. Una visita que hubiera sido, a mi ver, más provechosa si hubiera sido la primera parada.

Y así llegamos al final del tour por Islas Ballestas y Paracas. Ya solo nos quedaba una meta en en el día. Llegar a tiempo a coger el bus que nos llevaría a nuestro siguiente destino.

He de decir que para mi este fue el día más prescindible del viaje, no me impresionó tanto como esperaba, y me pareció todo demasiado preparado para el turismo, el candelabro, la pareja de pingüinos, los restaurantes de Paracas. Pero cuando montas la ruta piensas, ¿me voy a chupar 12 horas de viaje de Ica a Arequipa solo por ir al desierto de Huacachina? y de ahí que este día lo añadiéramos a nuestros planes.

Paisaje de Paracas

Salimos del parque nacional a las 3 de la tarde, una hora y pico nos separaban de la ciudad e Ica, usamos ese tiempo para descansar ya que entre el madrugón y el no parar estábamos agotados.

Eran las 5 de la tarde aproximadamente cuando llegamos a nuestro hotel en Huacachina, recogimos nuestras mochilas que estaban en la recepción del hotel y pedimos un lugar para ducharnos ya que esa misma noche teníamos un traslado en bus hasta la ciudad de Arequipa que prometía ser horrorosamente largo.

Justo al lado de la piscina se encontraban un baño y una ducha, así que, como había poca gente en el hotel aprovechamos para dejar nuestras mochilas en las tumbonas, y ducharnos con todo lo que implica. Saca la ropa que te vas a poner, metela dentro de la ducha en un lugar en el que no se moje, quítate la ropa que llevas puesta, dásela a tu acompañante para que la vaya guardando, saca la bolsa de la ropa sucia etc… todo allí en medio. ¡un cristo vamos!

Sobre las 6 de la tarde estuvimos listos, pedimos en el bar unos sandwiches para llevar y poder comer algo decente en el bus y pedimos un taxi hasta la estación de Cruz del Sur de Ica.

La estación estaba atestada de gente, las pintas eran regulares. He de decir que en Ica fue uno de los lugares que peores condiciones vimos en cuando a población, y eso que era la capital del departamento, el otro lugar sería Puno a orillas del Titicaca.

Facturamos las mochilas grandes y nos quedamos con nosotros las mochilas pequeñas y la riñonera. Nuestro bus salía las 7:30 p.m. pero iba todo con muchísimo retraso, los autobuses no llegaban, por lo que no podían salir de nuevo. Era ver un autobús y todo el mundo gritaba creyendo que era el suyo.

Pero aún así igual que en Lima todo estaba perfectamente controlado. Facturación de maletas por un lado, compra de tickets por otro, mostrador de control de equipaje de mano antes de embarcar donde te hacían sacar todo del bolso y grabación de pasajeros durante el embarque.¡Chapó por Cruz del Sur!

Durante la espera decidimos comernos el sandwich y entablamos conversación con la chica que hacia el embarque, una limeña que vivía en Ica que nos contó la cantidad de cosas que se podía hacer en la ciudad, desde la visita a las bodegas de Pisco hasta los mercadillos de segunda mano. Puedo decir que una de las cosas que más me gustó de Perú fue poder hablar con cualquier persona sin tener la barrera del idioma de por medio, en ese sentido me pareció mucho más enriquecedor que otros lugares de Asia por ejemplo.

Un chico que estaba junto a nosotros se tambaleaba, y le costaba abrir los ojos, yo rezaba porque no fuera en nuestro autobús, ¡se había puesto de Pisco hasta las cejas! Entonces sacaron un alcoholímetro y voilà «usted no puede viajar en esas condiciones»

Por fin llegó nuestro autobús, con su asiento reclinable y con gran espacio para las piernas, lo agradecimos inmensamente porque nos esperaban 13 horas de dormir en un asiento de autobús, reclinable, sí, pero al fin y al cabo un asiento. Nos pusimos cómodos y el bus arrancó.

Nos despedimos de la costa peruana hasta el final del viaje ¡Nos vemos en 13 horas en la ciudad de Arequipa! y ahora si que sí, empezaba la aventura peruana. Hasta hora solo había sido una pequeña y cómoda introducción. Ahora tomaríamos consciencia de las ciudades peruanas, de los traslados, del mal de altura, de las ruinas incas, de lo más increíble que hayamos visto en paisajes y de lo peor que te puede pasar estando de viaje. Pero todo eso tendrá lugar en los siguientes capítulos y el siguiente destino será el comienzo de todo eso.

Continuará…

Este post está realizado para entretener durante la cuarentena causada por el Covid-19, si realmente estas buscando información sobre Perú te recomiendo que leas nuestra «Ruta por Perú en 15 días» o «Presupuesto para viajar a Perú en 15 días«

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